Oraciones simples. San Manuel Bueno, mártir
  1. Tendría él, nuestro santo, entonces unos treinta y siete años.
  2. Empezaba el pueblo a olerle la santidad.
  3. Se sentía lleno y embriagado de su aroma.
  4. Luego Blasillo el tonto iba repitiendo en tono patético por las callejas, y como en eco, el «¡Dios mío, Dios mío!”.
  5. En cambio, uno de los más frecuentes temas de sus sermones era contra la mala lengua.
  6. Sustituía a las veces a algún enfermo en su tarea.
  7. Un día del más crudo invierno se encontró con un niño, muertecito de frío.
  8. El contentamiento de vivir es lo primero de todo.
  9. El santo eres tú, honrado payaso.
  10. Debo vivir para mi pueblo.
  11. Yo no podría soportar las tentaciones del desierto.
  12. Y tu hermano Lázaro, ¿cuándo vuelve?
  13. Salí de aquella mi primera confesión con el santo hombre profundamente consolada.
  14. Y aquel mi temor primero, aquel más que respeto miedo, trocose en una lástima profunda.
  15. Era yo entonces una mocita, una niña casi.
  16. Llegué a casa acongojadísima.
  17. Me encerré en mi cuarto para llorar.
  18. En esta España de calzonazos los curas manejan a las mujeres.
  19. Dios, hija mía, está aquí como en todas partes.
  20. En el fondo del alma de nuestro Don Manuel hay también sumergida, ahogada, una villa.
  21. En la aldea se embrutece uno.
  22. Civilización es lo contrario de ruralización.
  23. ¿Cree usted en la otra vida?
  24. Mi vida, Lázaro, es una suerte de suicidio continuo, un combate contra el suicidio.
  25. Yo mismo con esta mi loca actividad me estoy administrando opio.
  26. Mi alma está triste hasta la muerte.
  27. Me levanté sin fuerzas y como sonámbula.
  28. Todo en torno me pareció un sueño.
  29. Habré de rezar también por el lago y por la montaña.
  30. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.
  31. ¿Cuál es nuestro pecado, padre?
  32. Ya lo dijo un gran doctor de la Iglesia Católica Apostólica Romana.
  33. El delito mayor del hombre es haber nacido.
  34. Ese es, hija, nuestro pecado: el de haber nacido.
  35. Vuelve a rezar por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
  36. El hacer bien, y el engañar bien, ni aun en sueños se pierde.
  37. Y la hora de su muerte llegó por fin.
  38. Todo el pueblo la veía llegar.
  39. Para un niño, creer no es más que soñar.
  40. Como Moisés, he conocido al Señor, nuestro supremo ensueño, cara a cara.
  41. Mi hermano y yo nos pusimos junto a él.
  42. El pueblo todo se fue en seguida a la casa del santo.
  43. En sus hojas encontró, desecada y como en un herbario, una clavellina pegada a un papel y en este una cruz con una fecha.
  44. Él me curó de mi progresismo.